Amsterdam live sex

Pide una pinta de cerveza y saluda a unos compinches que apenas le sonríen con un destello de colmillo. Tengo una foto así de grande con ellos clavada en la puerta de mi habitación. Durante cuatro años en Amsterdam fregó platos y limpió retretes en una soledad de perro.

El joven de Tarrasa entra en un bar inmediato donde en la barra hay varios canallas acodados delante de la copa en silencio. Vino Sinatra y Dean Martin y también ese negrito de los dientes de oro y muchos actores de Hollywood. No fue uno de aquellos chicos de la época dorada que acudían a la plaza del Dam guiados por una estrella de chocolate, sino un explotado, mera carne de cañón, que huía de los fieros capataces del mediodía.

Pero Tony, el joven de Tarrasa, ha adaptado todavía un sueño dentro de su gorro de lana.

Allí acuden también las chicas de los escaparates, los dependientes de p, los chulos de la goma y el elenco de todas las compañías a levantar pesas, tomar saunas, bajar la tripa y echarse algunas piscinas. Ahora, en el portal de Casa Rosso, el joven Tony, con la mirada un poco desvanecida aún, pregona a los lobos de la noche una mercancía caliente sobre el hielo.

En la sala de arriba se dan en sesión continua películas pornográficas con felaciones soberanas y en el tingladillo del teatro tal vez el gorila del cartel acaba de realizar un acto extremadamente cultural con una señorita de Utrecht.

Ahora en escena se agita otra patata pelada con una bengala en la vagina.

Bajo un cielo septentrional de reflejos polares, rodeado de carámbanos, este jóven de Tarrasa se gana la vida compitiendo a brazo partido con morenos de la mandanga, moluqueños y otros duros del asfalto. El local está casi desierto, tiene estalactitas en el ventanal silba la cafetera y cuando alguien paga la caja registradora suelta una descarga. -exclama el muchacho- No pronuncies su nombre aquí en voz alta.

Luego se sienta en el taburete golpeando rítmicamente el estribo con la bota nerviosa detrás de una música que no existe. Una noche, con las manos en los bolsillos, Tony se fue a los canales de las putas y quedó pasmado ante los anuncios candentes de Casa Rosso.

Das alles kann verstörend wirken, gerade wenn man zum ersten Mal in Amsterdam oder einem Rotlichtbezirk unterwegs ist. Aus Angst irgendwo abgezockt oder gar beklaut zu werden, macht man häufig nicht viel mehr als einen flüchtigen Blick in die Schaufenster oder geöffneten Türen der Läden zu werfen, obwohl man vielleicht gerne mehr gesehen und erlebt hätte.

Deshalb geben wir Euch hier einen kleinen Guide an die Hand und verraten Euch, welche Etablissements im Rotlichtviertel von Amsterdam Ihr bedenkenlos besuchen könnt.

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